Orar
El Misterio que nos envuelve: la Gracia de la mutua presencia
EL MISTERIO QUE NOS ENVUELVE: LA GRACIA DE LA MUTUA PRESENCIA
Breves líneas compartidas desde el silencio orante y fraterno
 
¿Cómo explicar lo inexplicable? No es de las veces que una está inspirada y escribe de seguido, y ¿sabéis por qué? porque es un tema este de la unión, algo difícil, a la vez que sencillo. Por ello he titulado este breve como el Misterio que nos envuelve. Sí es un Misterio y una gracia este sabernos unidos, este sabernos habitados por Él y en Él unidos, algo misterioso, algo precioso, un don.

Hablar de belleza, de comunión, de fraternidad, es en definitiva hablar del Amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. La verdadera belleza es el Amor de Dios que se ha revelado definitivamente en el Misterio Pascual (Sacramentum Caritatis, 35).

La presencia del Señor en nuestras vidas nos asombra, nos centra, nos serena, nos lanza a la entrega y a la santidad. Sólo lo que viene del Espíritu da plenitud, serena el alma y la envuelve en su amorosa comunicación, sólo el Espíritu dilata nuestro corazón y nos une en comunión; en el camino de la santidad nos hermana en Cristo para ir haciendo de este mundo algo más de Dios: “¡Es tan bonito hacer que los que nos rodean se sientan felices y llenos de paz a nuestro lado!” (Venerable sor Consuelo) ¡Qué reconfortante es encontrarse con almas entregadas, felices, deseosas de santidad!

Mi corazón está agradecido, sí, inmensamente agradecido. Quería agradecer a tantos hermanos y hermanas en la fe, por sus vidas hermanadas y en comunión fraterna, por tantas palabras escritas con tanto amor –inmerecido por mi parte- por el hondo deseo de Dios, por la profundidad de la comunión. Me encanta ver las vidas entregadas a Dios, con hondura espiritual, y me encanta saberme enriquecida con la amistad fraterna.

Una vez leí este pensamiento de S. Agustín: "En la medida en que crece en ti el amor, en esa misma medida crece en ti la belleza, porque el amor es la belleza del alma", ¿qué os parece? Que Dios nos conceda seguir comunicándonos estas maravillas. De hecho cuanto más nos amamos, mejor descubrimos lo bello de aquellos a quienes el mismo Señor nos une.

Hay muchas cosas que nos hacen difícil el caminar, estamos en camino de conversión; esos momentos difíciles, que quieren hacernos tambalear y que de hecho nos lo hacen pasar bastante mal, están ahí, a la vuelta de la esquina, pero para eso nos ha unido el Señor. Recuerdo que una vez nos dijeron en una homilía: Ante la blancura ¿quién puede verse blanco?, no hay por qué inquietarse, sencillamente dejarse hacer en manos de Dios, que es el mejor Hacedor. Y además es que cuanto más te acercas y adentras, más descubres lo que no es Él, y en el camino, a veces, se acusa con más fuerza lo que no le refleja a Él. Y de esto también el Señor nos va concediendo experiencia.

Es admirable la obra de Dios en sus hijos y me llena el alma de gozo palpar el caminar de mis hermanas de comunidad y de tantas hermanas y hermanos en la fe. Mi oración por todos es constante, aun cuando no lo diga, y además, es algo mutuo, recíproco, y cuando veo la respuesta gozosa y firme de todos, pues me alegro y mucho.

No dejemos nunca de ver en nuestra vida la presencia amorosa de Dios, cómo nos va guiando sin que nos demos cuenta. Estamos en camino y hay que luchar siempre, lo sabemos pero nos cuesta. Si sabemos escuchar, en momentos difíciles el Señor se sirve para hacernos crecer y madurar en la fe, por muy insignificantes que nos parezcan las cosas por las que pasamos.

Demos gracias a Dios por esta maravillosa realidad que nos envuelve, y vivamos esta gracia tan grande, ¡tan grande!, que por más que lo quisiéramos explicar no podríamos debidamente, es algo que nos supera, que nos llena el alma. Nos queda vivir con responsabilidad y CAMINAR.


Podríamos exclamar desde el corazón:
 ¿Qué hay en ti y en mí que tanto nos cautiva? Sencillamente es, que en ti y en mí habita Él. 
Sor Rocío de Jesús