Orar
Semana Santa-Miremos al Crucificado
MIREMOS A CRISTO CRUCIFICADO

“Padre mío, líbrame de esta hora” y Jesús llora… y su interior se desgarra… y mendiga al hombre afecto y cariño, (actitud muy humana). Experimenta la impotencia humana. “El espíritu está pronto, pero la carne es débil” y el Encarnado, siente en sí esa debilidad. Pero concluye plenamente consciente: “Padre, hágase tu voluntad”

Todo tiene su razón de ser en el amor infinito de un Dios, manifestado en la Pasión dolorosa de nuestro Señor Jesucristo.
Jesús acepta libremente la gran tragedia que le espera.
El que uno no se resista físicamente, requiere una gran fortaleza interior. Experiencia que vivimos cada día, como el choque de 2 voluntades:
1- Señor, queremos ser santos y cumplir tu voluntad
2- Señor líbrame… aparece nuestra debilidad.

Ante ese querer y no poder… MIREMOS A JESÚS en Getsemaní. Y que nuestra respuesta sea un silencio amoroso, donde las palabras sobran y sólo hay AMOR y ADORACIÓN.
¡HAZ SILENCIO, CONTEMPLA, MIRA A JESÚS!
OREMOS JUNTOS- Déjate querer por el Señor, adéntrate en este misterio infinito de amor, porque sólo Él es el que puede cambiar tu vida interior y sólo en Él puedes sentirte profundamente renovado, cambiado, convertido. ¡ADÉNTRATE Y AMA! ¡Déjate amar!

RAZONES DIVINA DE LA CRUZ
¿Por qué la Cruz en Él y por qué la cruz en nosotros?
Sencillamente Él murió porque SE ENTREGÓ
Y yo libremente porque quiero imitarle, gasto mi vida porque quiero. Quiero servir, quiero amar la cruz. Quiero negarme. Quiero gastarme y quiero pedir la cruz porque tengo capacidad para ello, porque se nos ha dado el poder realizarlo. Sólo falta QUERER.

Pero… ¿por qué? … porque es voluntad del Padre.

Están unidas las dos cosas: la voluntad del Padre y la libertad absoluta del Hijo.

Jesús entra de lleno en el plan de Dios. No le importan las circunstancias que le rodean. Y, a nosotros, creyentes y discípulos suyos, lo que nos importa es hacer lo que Dios quiere, aunque esto se desarrolle en medio de dificultades, incomprensiones, sufrimientos… el escenario no importa. Hay que pasar por encima sin parar y dar el paso fundamental, hay que llegar ahí, a la raíz. Tenemos la posibilidad porque la Gracia la llevamos dentro.
ES UN MISTERIO DE AMOR Y JUSTICIA. Y NO SE PUEDEN SEPARAR.
El Padre entrega al Hijo por amor al hombre, por nuestra salvación…. Y nuestros pecados provocan el dolor y la muerte. El Padre nos lo entrega – aquí está el Amor- y nuestro pecado le da muerte – aquí está la justicia-
Ante tal misterio sólo cabe decir lo que el Espíritu mismo clama y grita en el interior: ¡SEÑOR, ADÉNTRAME EN TU MISTERIO! Y Él me susurra: DÉJATE GUIAR POR LA VIDA SIN DIRIGIR TUS PASOS.

Reflexiones. Monjas Mínimas de Daimiel