Orar
En las manos de Dios
REFLEXIÓN CUARESMAL - PREPARADO POR MONJAS MÍNIMAS DE DAIMIEL

La cuaresma es una llamada al arrepentimiento y a la conversión, una disposición necesaria para acoger la gracia de la Redención. En este sentido siempre estamos en cuaresma, es el estado continuo de la Iglesia que avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la conversión.

Benedicto XVI, en su catequesis del 15 de febrero, nos exhorta a caminar como Jesús,
¡¡¡SIEMPRE EN LAS MANOS DE DIOS!!!

“Jesús, que en el momento extremo de la muerte se abandona totalmente en las manos de Dios Padre, nos comunica la certeza de que, por más duras que sean las pruebas, difíciles los problemas y pesado el sufrimiento, nunca caeremos fuera de las manos de Dios, esas manos que nos han creado, nos sostienen y nos acompañan en el camino de la vida, porque las guía un amor infinito y fiel”

Sí, nuestras vidas están en las manos de Dios, esta certeza se nos regala a poco que nos dejemos invadir por el Espíritu de Dios. Esta certeza es la que deseamos para todos, para nosotras mismas, porque desde ahí, podremos avanzar hacia la Pascua, hacia el encuentro definitivo con Cristo, el Señor.

A ti, que lees estas líneas, te animo: ORA, SABOREA EN TU INTERIOR ESTA CERTEZA, CREE Y CONFÍA. NO HACE FALTA NADA MÁS.

PARA TU REFLEXIÓN

La penitencia, la conversión o metanoia, es una virtud ‘mosaico’ compuesta por diversos elementos, resumidos en las condiciones requeridas para el Sacramento de la Penitencia. Los aspectos constitutivos de la virtud de la penitencia son los propios del sacramento de la penitencia. Estos elementos se implican entre sí, no se puede dar uno sin que se dé el otro:

-El examen de conciencia- conocimiento del pecado

- La contrición de corazón- el sentir profundamente

- El propósito de enmienda

- La satisfacción o reparación del pecado.



PRIMER ELEMENTO PROPIO DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

EL EXAMEN DE CONCIENCIA- Para reconocer nuestros pecados. ‘Si conocieras tus pecados, quedarías sin aliento. A medida que los expíes los conocerás y serás perdonado… pero no temas, te amo más ardientemente de lo que tú has amado tus miserias’ (Pascal)

Reconocer la situación de pecado es reconocer la misericordia divina. Hay que contar con Cristo Redentor p ara ver toda la realidad, es más abundante y real la misericordia redentora que la ingratitud del pecado. No puedo ver la realidad del pecado, ni conocer su malicia destructora, sin ver la revelación del Amor en la Cruz. Es la Gracia Redentora la que supera y vence.

Quien no se reconoce pecador, no puede reconocerse ciertamente amado.

Descubriendo el poder divino de Cristo es como un alma se postra a sus pies y descubre su condición pecadora: ADORACIÓN Y HUMILDAD. Cuando nos descubrimos ante Dios y le descubrimos como Redentor, nos abrimos a una gran certeza: Cristo nos libera y salva, y nos sentimos atraídos por Él al mismo tiempo que descubrimos nuestra indignidad y miseria pecadora. ¡Cuanto más se progresa en la santidad, más indignos nos vemos! ¡Cuanto más unidos a Dios más crece la intimidad con él y más crece el conocimiento objetivo de nuestras faltas y debilidades!

El cristiano santo al descubrirse pecador entra en la verdad: ¡Aquí estoy, Señor, revela en mí tu misericordia!

FINALMENTE

“¿Te fijas en que Cristo fue tentado y no te fijas en que venció? Reconócete a ti mismo tentado en él y reconócete también vencedor en él. Podía haber evitado al diablo; pero si no hubiese sido tentado, ¿cómo te habría aleccionado para la victoria cuanto tú fueras tentado?... escuchemos a S. Pablo que nos dice: LA ROCA ERA CRISTO. Sobre Él hemos sido construidos. Y es por ello por lo que esta roca sobre la cual hemos sido construidos ha sido la primera en ser azotada por los vientos, los torrentes y las lluvias, cuando Cristo fue tentado por el diablo. Ésta es la fundación inquebrantable sobre la cual te ha querido consolidar” (S. Agustín)

Vela sobre nosotros, Salvador eterno, sé tú nuestro protector; que no nos sorprenda el tentador astuto.

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