Jerez de la Frontera (Cádiz)
Testimonio Sor Margarita del Inmaculado Corazón de María
TESTIMONIO DE MI VOCACIÓN
Sor Margarita del Inmaculado Corazón de María

 
Mi nombre es Sor Margarita del Inmaculado Corazón de María, nací en Susa-     Cundinamarca/Colombia, dentro de una familia católica.
Recuerdo que desde adolescente tuve “un algo puesto en mí” de que no tendría vida conyugal con ningún hombre, que mi ser de esposa era como un “tesoro restringido”, una certeza que desde luego no venía de mí, como si se tratara de una respuesta programada en mi interior.
Aunque claro, lo común de las charlas con otras adolescentes era el casarse, los hijos, el hombre ideal, etc., en las que participaba porque me parecía que lo normal era hablar de estos temas, reservándome aquella  “inclinación” interior que sentía.  
Fui creciendo y mi vida religiosa también porque Dios no me dejaba. Estudié en un colegio cuyo nombre hace referencia a una religiosa colombiana en la ciudad de Chiquinquirá, capital religiosa de Colombia; entonces la asignatura de Religión era dada por una religiosa dominica y por un presbítero, lo cual me facilitó la formación en la fe y asistir reiteradamente a la Eucaristía.
Allí no me era indiferente la idea de ser religiosa, estaba abierta a esa posibilidad, pero mis gustos iban hacia los chicos y salí con algunos. Al mismo tiempo ingresé al Camino Neocatecumenal y de nuevo el Señor me salió al encuentro: asistir a las celebraciones de la Palabra donde se lee la Sagrada Escritura, a la Eucaristía y formar parte de una comunidad me motivaban a permanecer cerca del Señor y así en una reunión preguntaron qué jóvenes sentían el llamado a ser religiosas contemplativas para dar la vida por la salvación de los hombres y en ese momento el Señor me tocó el corazón y sin pensarlo dije que yo.
Continué en la comunidad donde se hablaba con frecuencia de la vocación; tenía una vida normal e hice algunas renuncias (trabajo, novios) por corresponder al llamado del  Señor, pero en cada momento Él me sostenía haciéndome  ver que me llamaba a algo serio y en otra reunión (año 2013) me preguntaron si deseaba ser religiosa en el Monasterio de Hermanas Mínimas de la Orden de San Francisco de Paula, y de nuevo, sin pensarlo dije que sí.
Llegué a esta comunidad el 10 de Febrero de 2014, en donde vivo un enamoramiento hacia el Señor y experimento su fidelidad, porque, como es natural, he tenido crisis y luchas y Él sale victorioso en mi ayuda para vivir día a día la entrega a la Iglesia.
Estoy agradecida con Dios por llamarme a servirle y por cada persona y circunstancia que puso en mi camino para que yo esté aquí, junto a Él. ¡Bendito sea Dios!